lunes 7 de junio de 2010

“El encuentro con la alteridad” en Robinson Crusoe.


El siguiente trabajo presentará una reflexión sobre la novela Robinson Crusoe del escritor inglés Daniel Defoe. El tema seleccionado ha sido “el encuentro con la alteridad” de manera que, se estudiará la alteridad en la obra, sus grados de presentación y se explicará la representación de este otro. La hipótesis de trabajo es que hay un otro visto desde la óptica de un yo, es decir, hay una representación de la universalidad de una voz sobre la otredad.

El ensayo consta de un hilo conductor que es la alteridad y su definición. Posteriormente, se mostrarán los grados de alteridad en la novela, esto es cómo se presentan las diferentes visiones del otro en Robinson Crusoe. Estos subpuntos del otro se pueden resumir en: Xury el primer esclavo de Robinson; la trata de negros en la novela; el descubrimiento de una huella en las costas de la isla; la visión del caníbal y, finalmente, Viernes y la temática del esclavo.

Daniel Defoe es un periodista y escritor inglés mundialmente reconocido por Robinson Crusoe. Se presume que nació el 10 de octubre de 1660 en St. Giles Cripplegate o en Stoke Newington. Muere el 24 de abril de 1731. Defoe es importante por ser uno de los primeros cultivadores de la novela, género que ayudó a popularizar en Inglaterra.

  1. El encuentro con la alteridad en Robinson Crusoe.

La alteridad es la piedra angular del siguiente trabajo, es por esto que conviene, en primer lugar, definir qué se entenderá por alteridad. Tzvetan Todorov sostiene, en La conquista de América: el problema del otro, diferentes formas de alteridad- categorías-:

“Puedo concebir a esos otros como una abstracción, como una instancia de la configuración psíquica de todo individuo, como el Otro, el otro y otro en relación con el yo; o bien como un grupo social concreto al que nosotros no pertenecemos. Ese grupo puede, a su vez, estar en el interior de la sociedad: las mujeres para los hombres, los ricos para los pobres, los locos para los “normales”; o puede ser exterior a ella, es decir, otra sociedad, que será, según los casos, cercana o lejana: seres que todo acerca a nosotros en el plano cultural, moral, histórico; o bien desconocidos, extranjeros que, en el caso límite, dudo en reconocer nuestra pertenencia común a una misma especie.” (13: 2003).

La problemática del otro lejano es la que corresponde rescatar para hablar de la alteridad en Robinson Crusoe. Descubrir a otro es también la búsqueda de un sujeto, es decir, uno puede descubrir a otros en sí mismo y darse cuenta que no somos una sustancia homogénea: yo es otro (Todorov, 13:2003). La condición de ser otro se puede ver en esta novela de diversas formas, llena de matices, negativa, positiva e incluso con un cierto grado de empatía por parte del narrador. La presencia de un yo está dada por la voz que narra la historia, o sea, Robinson. Esto supone una dificultad a la hora de hablar de la alteridad, puesto que la única voz de la novela es la del propio protagonista, por consiguiente, sólo se sabrá del otro por medio de Robinson. Lo anterior es un rasgo de la otredad en la novela: siempre el lector se entera del encuentro con el otro por medio de Robinson, por lo tanto, siempre es una mirada subjetiva, por ende, el sujeto observado pasa por el filtro de una voz que puede seleccionar u omitir valores u opiniones a favor o en contra de ese otro.

Establecido lo que se entenderá por alteridad corresponde, en segundo lugar, señalar los grados en que se puede observar. Si se sigue la cronología del relato Robinson es apresado por el corsario de Sallee, no obstante, logra escapar de este en compañía de un esclavo moro llamado Xury. El primer encuentro con la alteridad se puede ver en términos religiosos, es decir, el protagonista ve al joven moro como una minoría en cuanto a la religión y frente a esto decide convertirlo en su esclavo. Esta idea se ve reforzada porque, cabe recordar, Robinson también fue esclavo, pero el tratamiento del tema por parte del narrador fue diferente. La voz narrativa, de alguna manera, logra igualarse a su amo mientras ocupa el lugar inferior, pues dice aprender de su dueño y ganar toda confianza. Luego se sabe que Robinson escapa con Xury, sin embargo, acá el trato cambia, puesto que Robinson se convierte en el dueño del barco y, por lo tanto, el moro en un subordinado. Xury es un vehículo de ayuda, pues necesita de otra persona para tripular el barco. Para mantener, o fijar, la lealtad del moro dice “Xury, si me eres fiel, haré de ti un gran hombre. Pero si no te esfuerzas por ser sincero conmigo, es decir, que jures por Mahoma y la barba de su padre, tendré que tirarte también al mar” (Defoe, 27: 2002). Sobre esta relación Ian Watt señala que Robinson tiende a ver a Xury como un objeto que puede utilizar en beneficio propio. Watt va más allá sosteniendo que “Una de las objeciones al sistema capitalista es que tiende a tratar a los demás y, especialmente a la mano de obra, como meras mercancías intercambiables. Esta tendencia se encuentra, de forma sumamente acrítica, en la conducta de Crusoe” (180: 1999).

Otro momento de alteridad en la novela está dado en la navegación por las costas después de escapar de Marruecos. En este momento es pertinente mencionar el binomio civilización-barbarie, puesto que es un rasgo predominante del narrador para establecer diferencias entre un yo (él) y el otro (ellos). Robinson siente miedo del mundo salvaje, pero también está cargado de prejuicios:

“porque, ¿quién habría pensado que navegaríamos hacia el Sur, a la costa realmente bárbara, donde era seguro que todas las naciones de negros nos rodearían con sus canoas y nos destruirían donde nosotros nunca más podríamos ir por la costa sin ser devorados por bestias feroces o por los salvajes más despiadados del género humano? (Defoe, 28: 2002).

La raza negra es vista por el narrador como lo peor de la humanidad es más se la compara con bestias-animales-, es decir, se reduce a nada. En este capítulo se tiende a valorar al otro como un animal, en otras palabras, se mata porque atenta contra la vida del hombre-civilizado-. Después de la caza del animal Robinson sigue navegando por las costas. Describe a los negros y cómo estos quedaron impactados por el uso de la escopeta Es necesario señalar que la visión que se presenta de los negros es una imagen inocente, casi infantil “Es imposible expresar el asombro de estas pobres criaturas ante el ruido y el disparo de mi arma; algunos de ellos estaban muertos de miedo, y cayeron como muertos por el terror” (33: 2002). El miedo de los indígenas o negros será una constante en la novela. Por una parte, existe el miedo de Robinson por ser comido en un acto macabro por los salvajes, pero también está la reacción del otro ante lo desconocido, lo que no puede entender ¿cómo un objeto (escopeta) mata, sin necesidad de fuerza ni lucha, a un animal o a un semejante?

Hasta este momento se ha visto que, en la novela, el otro es tratado como un objeto. Este punto se verá intensificado por la trata de negros, ya que Crusoe nunca reflexiona sobre este procedimiento. Es sabido que América, en el siglo XVI, tenía necesidad de mano de obra resistente para las plantaciones tropicales. Esto se debe, en gran medida, al déficit de mano de obra indígena. El personaje se hace cómplice de estas prácticas y decide ir en busca de negros para su plantación en Brasil. Este tema es conversado con otros comerciantes, de manera que acuerdan ir en busca de negros junto a Robinson. El argumento ocupado por el protagonista es:

“(…) les había dado información con frecuencia de mis dos viajes a la costa de Guinea, la manera de comerciar con los negros allí y lo fácil que era cambiar por nimiedades (como cuentas de vidrio, juguetes, cuchillos, tijeras, hachas, trocitos de cristal y cosas similares), no sólo polvo de oro, semillas de Guinea, colmillos de elefantes, etc., sino negros para servir en Brasil, en grandes cantidades” (41: 2002)

La idea de engaño o asecho por parte de Robinson Crusoe es similar a la visión que tenía Colón, es decir, la acción de canjear algo por otra cosa, sin embargo, en este caso claramente, quien pierde es el otro-alteridad-. Esto es aprovechado por el protagonista, debido a la ignorancia por parte del pueblo negro. La palabra nimiedad es clave para entender el cambio de un objeto de gran valor, un ser humano, por una tijera y lo poco que le importa esto al narrador, cuyo fin es tener más mano de obra para su producción.

Después de estas muestras de alteridad Robinson sucumbe en la tempestad que lo deja 35 años en una isla desierta. En el año 15 de su llegada a la isla el protagonista descubre una huella lo cual también se puede interpretar como una imagen de la otredad, ya que encarna simbólicamente la presencia de un sujeto más en la isla. Crusoe reacciona con el peor de los miedos a esta muestra de otra humanidad. Antes de encontrar la huella comienza a conjeturar sobre el lugar geográfico en donde se encuentra:

“(…) pensaba que si esta tierra era costa española, vería alguna vez sin duda pasar a alguna embarcación en un sentido u otro, pero si no, entonces era la costa salvaje entre el territorio entre el territorio español y Brasil, que era sin duda el peor de los salvajes, porque eran caníbales o antropófagos y no fallaban a la hora de matar y devorar todos los cuerpos humanos que caían en sus manos” (102: 2002)

Este será el preámbulo de los miedos de Crusoe ya que, después, confirmará el gran temor cuando descubre una huella humana en la arena. El primer razonamiento del narrador es religioso “consideraba que el diablo podría haber encontrado muchas otras formas de aterrorizarme que la de una simple huella de pie” (142:2002). Es así como Robinson interpreta el primer encuentro con la alteridad: como un mensaje del infierno, en otras palabras, los caníbales son criaturas infernales. Después de varios razonamientos llega a la conclusión de que fueron caníbales que viajaron por las corrientes marítimas y llegaron a la isla. El miedo se apodera del protagonista y la idea de ser comido por caníbales se acrecienta cada vez más.

En reiteradas ocasiones el narrador juzga las costumbres del pueblo o tribu caníbal, las condena y somete al peor castigo tildándolas de inhumanas y salvajes. Luego, nos señala la intención de matar a este grupo de personas. La idea cobra fuerza en un lapso temporal bastante amplio “Pero mi inventiva iba ahora por otro camino, porque noche y día no pensaba en otra cosa que en destruir a algunos de esos monstruos mientras estaban en su espectáculo sangriento y cruel” (153:2002). De esta manera comienza a acechar a la huella hasta que comienzan los primeros avistamientos. Robinson es testigo de la ceremonia caníbal pero no se atreve a matar al otro porque se cuestiona esta práctica. Es importante subrayar que, de alguna manera, Robinson intenta entender la alteridad y sus prácticas culturales. Esto se puede enlazar con Michel de Montaigne cuando intenta ser relativista y entender las costumbres de los Tupinambas:

“Volviendo a mi asunto, creo que nada hay de bárbaro ni de salvaje en esas naciones, según lo que se me ha referido; lo que ocurre es que cada cual llama barbarie a lo que es ajeno a sus costumbres. Como no tenemos otro punto de mira para distinguir la verdad y la razón que el ejemplo e idea de las opiniones y usos de país en que vivimos, a nuestro dictamen en él tienen su asiento la perfecta religión, el gobierno más cumplido, el más irreprochable uso de todas las cosas” (Montaigne, 267)

De esta manera en Montaigne hay un intento por entender las costumbres bárbaras o salvajes. De igual manera se manifiesta en Crusoe la tensión entre entender a una cultura que es ajena, pero de igual forma condenarla y juzgarla con la visión universalista (europea). Esto está dado por la religión que profesa el protagonista y su cuestionamiento está más inclinado a la visión religiosa que a la cultural. El narrador vacila ante la idea de matar a los caníbales, pues se siente horrorizado ante esas prácticas. Es la Providencia la responsable de tales costumbres antinaturales, es decir, Robinson piensa que Dios se alejó de esos pueblos, desamparándolos, y por esta causa ellos realizan tales prácticas.

Preso del miedo y la desesperación el protagonista tiene la intención de matar cuanto antes a los caníbales, sin embargo, hay un momento en que es capaz de cuestionar esta idea:

“¿Qué autoridad o motivo tenía yo para pretender ser juez y verdugo de estos hombres como criminales, sobre quienes el Cielo había considerado que durante muchos siglos sufrieran sin castigo y continuaran siendo, como eran verdugos de sus sentencias unos sobre otros?” (155:2002).

En este intento por ser relativista Crusoe trata de entender las costumbres caníbales “Es cierto que esta gente no considera esto un crimen, no lo reprueban en sus propias conciencias ni se lo reprochan. No saben que es una ofensa y entonces lo cometen en desafío a la justicia divina” (155: 2002). El esfuerzo por entender la alteridad se ve frustrado por dos acciones. La primera es la condena que establece Crusoe en sus opiniones, porque suele ser tajante en cuanto a la idea de que la conducta caníbal es diabólica sin considerar que no se puede juzgar el canibalismo desde la óptica cristiana, pues siempre será reprochable. Luego hace alusión a la “leyenda negra” americana por parte de los españoles y justifica estas prácticas:

“Esto justificaría la conducta de los españoles en todas las barbaridades practicadas en América, donde destruyeron a millones de ellos, quienes, sin embargo eran idólatras y bárbaros y tenían varios ritos sangrientos y bárbaros entre sus costumbres, como la de sacrificar cuerpos humanos a sus ídolos” (156:2002).

La segunda acción que comete es la de pasar por alto sus cuestionamientos, pues a la llegada de Viernes a la isla Robinson resuelve matar al gran número de caníbales condenándolos al castigo en nombre de Dios.

  1. Viernes y la temática del esclavo.

El momento más importante del encuentro con la alteridad se produce entre Robinson y Viernes, debido a que es la encarnación de la alteridad en esta novela. Al decir que es la encarnación no se quiere decir que los otros momentos no sean importantes o menos significativos, sino que es la relación más cercana que tiene el protagonista con el otro.

Antes de la llegada de Viernes Robinson tiene un sueño premonitorio, puesto que sueña que ve en la costa a 11 salvajes que iban a matar a dos. Luego de esto uno de los salvajes le pide ayuda a cambio de la esclavitud. Después del despertar Crusoe concluye “mi única forma de intentar escapar, era apoderarme de un salvaje, y si era posible, sería uno de los prisioneros a quienes ellos hubieran condenado a ser comido y traído aquí para matarlo” (179:2002). Desde este momento el narrador se plantea la tarea de liberarse por medio de la salvación de uno de los condenados a muerte.

El viernes santo es una celebración cristiana en donde se conmemora la muerte de Jesús de Nazaret, crucificado en el siglo I. No es casual que Viernes lleve este nombre, ya que iba a ser sacrificado, al igual que Jesús en un rito, claramente, diferente. Sobre el nombre que recibe el personaje Ian Watt señala “Crusoe no le pregunta a Viernes su nombre, sino que se limita a darle uno.” (180: 1999). En efecto, la denominación es un renombramiento, un renacer del otro salvaje.

Después de la salvación Viernes se somete a Crusoe, al menos eso es lo que nos dice su narrador: “Al final se acercó, y entonces se arrodilló de nuevo, besó el suelo, apoyó la cabeza en la tierra y, cogiéndome los pies, los puso sobre su cabeza. Parece ser que esto era para jurar que sería mi esclavo para siempre” (182:2002). Desde este momento Crusoe comienza a hablar de su salvaje con toda la connotación de pertenencia y esclavitud. Algunos aspectos fundamentales de la subordinación de Viernes pueden ser: la primera palabra que le enseña Crusoe “Amo”, no es amigo ni Robinson sino que una palabra que denota superioridad en comparación con el esclavo. También le enseña a decir “sí” y “no”, sobre este punto, señala Ian Watt, se puede establecer una relación utilitaria entre ambos personajes. Crusoe no demuestra interés por comprender al otro, alguien con quien valga la pena conversar (181:1999). Esto se mantiene hasta el final porque se sabe que Viernes sigue hablando el inglés macarrónico que en el comienzo de la novela (Gildon). La relación amo-esclavo puede ser resumida a base de la siguiente cita, bastante acertada:

“Crusoe la considera una relación ideal. Aparentemente, un silencio funcional, roto tan solo por un ocasional “No, Viernes” o un abyecto “Sí, amo”, da más encanto al idilio. La naturaleza social del hombre parece estar satisfecha con la concesión del que tiene la razón, o con el agradecimiento momentáneo, o con una condescendencia benévola, pero no ajena a la exigencia” (181:1999).

En el desarrollo de esta relación ideal hay una intención, por parte de Crusoe de “evangelizar” o “civilizar” a Viernes. Esto se puede ver en la corrección del hábito de comer hombres. Esta modificación en la costumbre de Viernes está atenuada por la muerte “Descubrí que Viernes deseaba un poco de carne para su estómago y era todavía un caníbal por naturaleza, pero le expliqué mi mucha aversión sólo de pensarlo y él no se atrevió a exteriorizar su deseo, porque le hice saber que le mataría si lo hacía” (187:2002).

Otra de las modificaciones en Viernes es la vestimenta. Crusoe le viste como un europeo inculcándole el hábito de vestirse y tapar sus vergüenzas. El otro en esta relación también se ve sometido a la doctrina cristiana, en otras palabras, Crusoe trabaja para enseñarle los preceptos del cristianismo y se esfuerza para que Viernes los aprenda al pie de la letra.

Otro punto importante en el encuentro con la alteridad en la novela es la función que cumple Viernes para el protagonista. Al igual que Xury, Viernes es un objeto utilitario que sirve de vehículo hacía la liberación de Crusoe:

“Esta parte de la conversación de Viernes empezó a gustarme, y desde ese momento tuve esperanzas de que alguna vez podría encontrar una oportunidad de escapar de este lugar y que este pobre salvaje podía ser un medio para ayudarme a serlo” (194:2002).

Viernes presenta la fuerza y la habilidad para construir la canoa que Crusoe no pudo hacer, por lo tanto es la “mano de obra” que necesitaba para salir de la isla.

Después de este período en que el protagonista y su esclavo se conocen pasan tres años y se producen una serie de aventuras entre Crusoe y Viernes. Entre ellas está la llegada del padre de Viernes y un católico español. Se libra una gran batalla en contra de los caníbales y Robinson resulta vencedor. Luego llega un barco inglés a la isla y tras muchas luchas Crusoe logra irse de la isla en compañía de su sirviente.

Para finalizar la exposición de la relación amo-esclavo en la novela se puede señalar un fragmento que es decidor frente al trato que recibe Viernes estando en Europa: “Tú, perro, ¿así nos haces reír? Vete y llévate a tu caballo” el trato denigrante que recibe al final de la novela sintetiza la relación y, a la vez, refuerza la tesis de Watt. Robinson presenta una carencia de interés hacia Viernes y lo ve sólo como un objeto utilitario, un ser que existe sólo para dedicarse a los intereses de Crusoe.

Finalmente se puede concluir este trabajo, señalando que en la novela se ven ciertos grados de alteridad, sin embargo, en todos estos grados el otro es explotado por un sujeto, en este caso Robinson. La hipótesis se cumplió ya que se demostraron los grados y el encuentro con la alteridad en la novela. El otro es visto como un instrumento de ascenso ya sea económico o social. Sin embargo, cabe preguntar ¿por qué Robinson presenta una actitud tan acrítica en su comportamiento? Es un ser que presume ser tan civilizado y católico, pero no es capaz de cuestionar sus prácticas hacia sujetos de otras religiones u otras culturas.

Bibliografía

Defoe, Daniel. Robinson Crusoe. España: Edimat Libros, 2002.

Montaigne, Michel de. “De los caníbales”. Ensayos. Madrid: Ediciones Cátedra, 1993.

Todorov, Tzvetan. “Descubrir”. La conquista de América: el problema del otro. Buenos Aires: Siglo XXi, 2003.

Watt, Ian. “Robinson Crusoe”. Mitos del individualismo moderno: Fausto, Don Quijote, Don Juan y Robinson Crusoe. España: Cambridge University Press, 1999.



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