miércoles 7 de marzo de 2012
jueves 8 de diciembre de 2011
Fantasías Tecnológicas: Imagen, Deseo y Espacio En Miss Dorothy Phillips, mi Esposa.
Este tipo de intermedialidad o, dicho de otro modo, este tipo de correlación de medios (visuales y escritos), sus influencias mutuas, se pueden apreciar en algunos cuentos de Horacio Quiroga. Este trabajo se realiza dentro del seminario de Literatura Latinoamericana y Tecnologías Visuales. Se analizará la relación que existe entre la imagen y el deseo en el cuento “Miss Dorothy Phillips, mi esposa” publicado en 1919 por Horacio Quiroga.
Tanto Emma Speratti-Piñero como Beatriz Sarlo coinciden en que Horacio Quiroga fue un hombre de variados intereses y preocupaciones. Sarlo va más allá y señala que se está frente a un hombre con múltiples pasiones técnicas. Desde este punto de vista Quiroga no sólo es un “precursor de la relación cine-literatura” sino que también responde al ímpetu de la época: una pasión experimental por las nuevas tecnologías y el pionerismo técnico (Sarlo, 22). Una de las pasiones técnicas, para el escritor, es el culto al cine. Horacio Quiroga vivió durante el periodo del cine mudo e inicios del sonoro. Y esta correlación entre las tecnologías visuales (como el cine) y la literatura se pueden apreciar en el cuento que se analizará a continuación.
La fábula trata de un personaje principal, Guillermo Grant, que comienza a relatar su historia, la de un hombre que está encantado con el cinematógrafo. A medida que la narración avanza él da cuenta de la relación que establece con una famosa actriz norteamericana, Dorothy Phillips, y cómo se van desencadenando los hechos que lo llevan a viajar para así pedirle matrimonio a su joven amada.
Guillermo relata el impacto que causa el cinematógrafo en su vida cotidiana:
“Yo pertenezco al grupo de los pobres diablos que salen de noche a noche del cinematógrafo enamorados de una estrella”(1) (…) “siendo como soy, se comprende muy bien que el advenimiento del cinematógrafo haya sido para mí el comienzo de una nueva era” (2).
Como señala Beatriz Sarlo, este cuento refleja la fascinación por la técnica y, a la vez, el surgimiento de un nuevo tipo de público que provee de fans a los astros de Hollywood. La relación entre el espectador y las estrellas hollywoodenses llega a poseer características sublimes: “he salido mareado y pálido del cine, porque he dejado mi corazón, con todas sus pulsaciones, en la pantalla que impregnó por tres cuartos de hora el encanto de Brownie Vernon” (2). La fascinación del personaje principal va más allá de la pantalla, pues comienza a desear comprometerse con alguna de estas estrellas (actrices de la época dorada del cine norteamericano).
La cercanía de la imagen, es decir, la calidez de la figura femenina que proyecta el cinematógrafo produce en Guillermo Grant una pulsión erótica. El primer plano (close up) se asemeja al contacto entre dos enamorados, aunque existe una diferencia: este contacto responde a una fantasía tecnológica, pues se produce entre el sujeto (Guillermo) y la imagen proyectada por el cinematógrafo: “Porque no debe olvidarse que contadísimas veces en la vida nos es dado ver tan de cerca a una mujer como en la pantalla” (2). La afirmación dada, posteriormente, por Guillermo es determinante: “Hay hombres que se han enamorado de un retrato y otros que han perdido para siempre la razón por tal o cual mujer a la que nunca conocieron” (2). Como señala Beatriz Sarlo la función temática de “Miss Dorothy Phillips, mi esposa” es rearmar el imaginario sentimental y configurar de un modo radicalmente nuevo el erotismo.
La realidad, es decir el espacio ficcional, del cuento es a menudo difusa. Se produce una dinámica entre el sueño y la vigilia o entre la realidad y la fantasía. Este aspecto potencia el diálogo entre la imagen y el deseo. La narración opera, como señala Beatriz Sarlo: “como si fuera posible que el cine, técnicamente, pudiera realizar la fantasía de sus espectadores (o de sus protagonistas): mezclarse con la vida, continuar en la escena real las pasiones de la escena filmada” (28). Ejemplo de ello se observa a continuación:
“He llegado a vivir dos vidas distintas: una durante el día, en mi oficina, y el ambiente normal de Buenos Aires, y la otra de noche, que se prolonga hasta el amanecer. Porque sueño, sueño siempre. Y se querrá creer que ellos, mis sueños, no tienen nada que envidiar a los de soltero-ni casado- alguno” (2).
“Y este cuádruple paraíso ideal, soñado, mentido, todo lo que se quiera, es demasiado mágico, demasiado vivo, demasiado rojo para las noches blancas de un jefe de sección de ministerio” (2)
El espacio que describe Guillermo, en las primeras páginas del cuento, corresponde a un espacio “otro” (de ensoñación), en los términos de Foucault: es una utopía, pues es un emplazamiento sin lugar, a diferencia de la heterotopía que corresponde a un lugar real que existe en toda cultura.
De esta manera el tiempo del relato transcurriría dentro de la utopía y no de la heterotopía, aunque resulta necesario señalar que ambos emplazamientos dialogan constantemente debido a las constantes referencias a lugares reales como, por ejemplo: Texas, Hollywood, Los Ángeles, Buenos Aires, etc. Es necesario notar esta dualidad dentro de la ficción, porque la fantasía o relación con Miss Dorothy Phillip se desarrolla en la ficción dentro de la ficción (relato enmarcado). En definitiva, y como señala el final del cuento: “Pero esto es un sueño. Punto por punto, como acabo de contarlo, lo he soñado” (20).
Beatriz Sarlo menciona dos dimensiones del cine: el erotismo y la tecnología. Dentro de este punto va incluso más allá al señalar que en los relatos la fantasía tecnológica y la fantasía erótica operan en la misma dimensión. En el caso de “Miss Dorothy Phillips, mi esposa” se puede señalar que por medio de la imagen se establece un vínculo entre el sujeto y una proyección en el espacio.
La mirada juega un rol fundamental en el relato, pues es por medio de este mecanismo que se establece un vínculo entre sujeto e imagen. El predominio de la vista, por sobre la audición, potencia aún más el deseo por parte de Guillermo hacía las actrices. El diagnóstico diferencial que realiza el autor de una carta-guión es, como ejemplifica la siguiente cita (extensa), preponderantemente visual:
“Miriam Cooper - Dorothy Phillips - Brownie Vernon - Grace Cunard. El caso Cooper es demasiado evidente para no llevar consigo su sen¬tencia: demasiado delgada. Y es lástima, porque los ojos de esta chica me¬recen bastante más que el nombre de un pobre diablo como yo. Las muje¬res flacas son encantadoras en la calle, bajo las manos de un modisto, y siempre y toda vez que el objeto a admirar sea, no la línea del cuerpo, sino la del vestido. Fuera de estos casos, poco agradables son. El caso Phillips es más serio, porque esta mujer tiene una inteligen¬cia tan grande como su corazón, y éste, casi tanto como sus ojos. Brownie Vernon: fuera de la Cooper, nadie ha abierto los ojos al sol con más hermosura en ellos. Su sola sonrisa es una aurora de felicidad. Grace Cunard, ella, guarda en sus ojos más picardía que Alice Lake, lo que es ya bastante decir. Muy inteligente también; demasiado, si se quiere.”(4).
Como se puede apreciar en la cita anterior, todos los rasgos que rescata Guillermo corresponden a adjetivos concretos, físicos. Pareciera, más bien, que el protagonista se enamora de fotografías, pues sostiene: “Se notará que lo que busca el autor es un matrimonio por los ojos” (4). Posteriormente, decide elegir a Dorothy Phillips como esposa y, a modo interpretativo, consolida su elección mandando una ilustración. Se pasa de la imagen cinematográfica a la fotografía, deteniendo el tiempo y retardándolo. La imagen perpetúa la mirada con la cual Grant se ha comprometido.
Finalmente, como se ha visto anteriormente se ha establecido una relación directa entre imagen y deseo en el cuento “Miss Dorothy Phillips, mi esposa”. Cabe mencionar, como sostiene Speratti, que la relación “erótica imaginaria” entre espectador e imagen era un fenómeno que experimenta (ba) el público masculino, sin embargo, discrepo sobre el punto de que esta relación sea ingenua, ya que, como se vio anteriormente el espacio de ensoñación es un mecanismo o recurso de la literatura fantástica. El uso de este recurso potencia la relación entre la imagen (fotográfica o cinematográfica) y el espectador. Este recurso material, el cine, hace posible lo imposible, en palabras de Sarlo, vendría ser un milagro técnico (17). De esta manera Guillermo Grant encarna al público que encontraba materia para la fascinación en el ensueño moderno de la técnica (Sarlo, 17).
Bibliografía
Speratti-Piñero, Emma. “Horacio Quiroga, precursor de la relación cine-literatura en la América Hispánica”. Revista de Filología Hispánica, Vol. 36, número 2, 1988.
Foucault, Michel. “De los espacios otros”. Revista Architecture. Nª 5, 1967.
Sarlo, Beatriz. “introducción”, “Horacio quiroga y la hipótesis técnico-científica”. La Imaginación Técnica. Buenos Aires: Nueva Visión, 1997.
Quiroga, Horacio. “Miss Dorothy Phillips, mi esposa” [Recurso electrónico consultado el día 01 de octubre de 2011 disponible en: http://www.docstoc.com/docs/28290629/Cuentos-Completos-de-Horacio-Qui].
domingo 8 de mayo de 2011

Me avergüenza desahogarme
Poner toda tu mierda al descubierto,
Develar mi miseria,
Preservar un poco más las mentiras.
Alargar la risa histérica de las perras
Que se retuercen a un lado del tipo de moda.
Cruzamos miradas desalentadas,
Me nubla la rabia y la melancolía
De imaginar:
NADA.
lunes 4 de abril de 2011
domingo 6 de marzo de 2011
Apagué el cigarrillo con la vana sensación de estar suspendida en el aire. De habitar un espacio inexistente, tú comprendes. El adicto nunca piensa en nosotras. Siempre quiere hacer lo que su cuerpo pide y yo me jodo.
Esa misma tarde aproveché de salir sin rumbo y, por cierto, sin dinero. No había oportunidad de autosatisfacciones. Lejos quedaron los deleites de una veiteañera con una cuenta y quinientos mil para gastar a su gusto. Ropa y falsos placebos que sólo te hacen un poco más tonta y ordinaria.
Me senté en una plaza con el único consuelo que tenía: un buen libro. He pasado noches y días con hombres en mi cama, sin embargo, debo reconocer que los mejores siempre son los escritores. ¿Cómo vender, por ejemplo, una deliciosa experiencia con un tal Cervantes o un decidido Enrique Lihn?
El imaginar es manjar de dioses, pensé. Aunque, debo reconocer que, si se trata de escritores, los de carne y hueso siempre me deprimen.
Las plazas de Santiago se atesoran, sobre todo cuando te dieron cobijo en la infancia.
Cerré el libro y contesté el celular. A veces me excita pensar en la vida que llevo. Cuelgo. Tengo 20 minutos para ser otra mujer.
martes 18 de enero de 2011
La literatura salvó (y jodió) mi vida.
A pocas horas de asistir a mi examen de grado y a pocos minutos de morir de sueño hago una pausa para reflexionar sobre mi paso por la universidad (espero que no sea el último y pueda volver a entrar a los baños de República).
La verdad es que yo debo ser el uno por ciento que egresa de Letras con ganas de viajar y no volver a leer nunca más. Lo digo y lo niego mañana. Tras cuatro años de amistades trucadas, profesores sabios y escuelas mediocres me pregunto si esto es lo quiero para siempre. Mis ideas van y vienen, pero tengo una sensación que marca la pauta de todas mis lecturas retrospectivas: la amargura de egresar de una universidad más comprometida con el arancel que con la educación.
Si señores, hablo de
Me voy con la sensación de una escuela dividida entre el ego y la fantasía, entre profesores excelentes y, en otros casos, orgullosamente mediocres. Pero también debo encontrar cosas buenas, pero eso será en otro momento, puesto que, a estas alturas, debo estar en una caja llena de negatividades.
Ahora bien, ¿por qué la literatura salvó (y jodió) mi vida? Es una pregunta muy conmovedora que me hago. Pienso que el estudio y la lectura de la vida, que es la literatura, ha sido como estudiar una licenciatura en almas. Pienso que más que un grado académico me he ganado una distinción: la de un ser humano. Digo lo anterior con la convicción de que vivimos en un mundo enfermo y enajenado. Tampoco olvido el fin de la novela de Enrique Araya y en la sensación que me produce ser un poco más de carne y hueso día a día.
En una noche de verano, escuchando Coldplay, la cosa se pone difícil. Lo fue todavía más en una carrera que perdió grandes estudiantes. ¿Cuántos de nuestros compañeros desertaron? ¡Valientes, pues aprendieron a tiempo que la literatura podría joder sus existencias!
En ese sentido debo ser clara: esto no es un juego lógico, sino que una reflexión después de haber visto Morandé con Compañía. Dime tú lector ¿cómo ser licenciada en Letras en un país que no lee? En un país que, con suerte, lee completo LUN. ¿Tendré futuro? Y si la literatura jode mi vida definitivamente siempre encontraré consejo en mi dormitorio, sobre una superficie de madera, envuelto en hojas y hojas, con un título tentador…
miércoles 12 de enero de 2011

A los tiburones no les gusta el color blanco.
El camino al éxito es el fracaso.
Nunca tuve vocación de pavo real.
Conducta animal.
El rey de los ratones.
Se come mis últimas fecas.
Odio a mi padre por:
No decirme cuánto duele caer,
Una y otra vez,
Al pozo de las mentiras.
Hipotequé mi vida. Total.
Tengo más deudas que dinero.
Heme aquí:
Un cuerpo sin orgasmos,
Sin cicatrices,
Sin odios,
Sin manchas,
Sin significación.
Heme aquí:
Inerte.
Camino sobre el infierno que es Santiago
Sobre los vestigios de algo que nunca se muestra,
Ciudades interiores
Imaginadas y develadas
Por dos sujetos condenados
Al fracaso.
La vida que imaginamos
Está condenada al deseo perpetuo
Que tú y yo soñamos noche a noche.
Está mermada la tierra
Que nunca habitaremos.
Yo condenada al hastío.
Tú condenado a la soledad.
Vagaremos por las infinitas calles
De un Santiago que no descansa.
Buscándonos,
Siguiéndonos sin piedad
Como el minotauro busca a Teseo.
Esta vez Ariadna
Se ahorcará con el hilo.
Justo en el centro del laberinto.



